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Somos lo que comemos y tus mitocondrias lo saben

Por Andrea Iglesias, fundadora de The WOW Benefits

En el último artículo hablamos de las mitocondrias y espero que lo hayas leído con calma, porque era importante.

Hoy quiero ir un paso más allá. Porque no basta con entender qué son las mitocondrias si no entendemos qué necesitan para funcionar bien.

Y ahí es donde entra la alimentación.

Somos lo que comemos. Lo he creído siempre. Pero hoy quiero explicarte por qué, desde la biología, desde la célula, desde adentro.

Porque cuando entiendes cómo lo que comes impacta el funcionamiento de tus mitocondrias todo cambia. Tu energía. Tu piel. Cómo te sientes cada día.

Esto no es una dieta. Es una estrategia.

Todo está conectado

Si leíste el artículo anterior sobre las mitocondrias ya sabes que son la planta eléctrica de cada célula. Su trabajo es convertir lo que comes en energía ATP. Sin esa energía, la célula no puede hacer nada: no produce colágeno, no se renueva, no repara el daño.

Y ya sabes también que esa planta necesita una herramienta específica — el NAD+ — para funcionar. Sin NAD+, las mitocondrias no pueden convertir los nutrientes en energía, aunque tengas el alimento disponible.

Pero hoy quiero hablar de algo que no mencionamos antes: no es solo qué comes. Es cuánto y en qué proporción según lo que tu cuerpo realmente gasta.

Esa es la diferencia entre alimentarse y alimentarse de manera inteligente.

Lo que tus mitocondrias necesitan para funcionar

Las mitocondrias no funcionan en el vacío. Para hacer su trabajo necesitan que el cuerpo tenga disponibles ciertos nutrientes específicos.

Proteínas de calidad, porque los aminoácidos son los bloques con los que se construyen y reparan los tejidos celulares. La leucina en particular, un aminoácido esencial presente en carnes, legumbres y huevos, mejora directamente la eficiencia mitocondrial al proteger proteínas clave dentro de la célula.

Minerales específicos, el magnesio es cofactor en cientos de reacciones enzimáticas dentro de las células. El hierro es esencial para la cadena de transporte de electrones. El zinc regula la expresión de genes relacionados con la función mitocondrial.

Vitaminas del complejo B, especialmente B3 (niacina), que es el precursor directo del NAD+. Sin suficiente vitamina B3, el cuerpo no puede producir el NAD+ que las mitocondrias necesitan para funcionar.

Grasas de calidad, especialmente omega-3. Las membranas mitocondriales están compuestas en gran parte de grasas. La calidad de esas grasas determina directamente la eficiencia con la que las mitocondrias funcionan.

Antioxidantes, porque el proceso de producir energía genera inevitablemente radicales libres. Sin suficientes antioxidantes, ese daño oxidativo se acumula y deteriora las mitocondrias desde adentro.

Qué pasa cuando sobrealimentas

Aquí está algo que me parece fundamental entender y que muy pocas personas explican.

Comer de más no significa más energía. Significa más trabajo para las mitocondrias y ese trabajo extra tiene consecuencias.

Cuando consumes más nutrientes de los que tu cuerpo gasta, las mitocondrias se sobrecargan. En lugar de procesar eficientemente, empiezan a generar más radicales libres como subproducto. Esos radicales libres dañan las células. Las células dañadas activan respuestas inflamatorias. La inflamación consume NAD+. Y el ciclo se repite.

Las mitocondrias sobrecargadas empiezan a fragmentarse, se dividen en partes más pequeñas y menos eficientes. Pierden su capacidad de fusionarse y comunicarse entre sí.

El resultado paradójico: comer de más termina produciendo menos energía, más inflamación y más deterioro celular.

Si te pasas el día sentada y comes como si corrieras una maratón, tu cuerpo lo paga. Y tu piel lo muestra.

Qué pasa cuando no lo alimentas bien….

El otro extremo es igualmente perjudicial.

Cuando el cuerpo no tiene suficiente materia prima disponible, las mitocondrias tampoco pueden producir energía de manera eficiente. La célula entra en modo supervivencia. Prioriza mantenerse viva sobre cualquier otra función.

Lo primero que se descarta: producir colágeno. Renovar células. Reparar el daño. Todo lo que hace que la piel se vea saludable queda en segundo plano cuando el cuerpo no tiene lo que necesita.

Sin los precursores correctos, especialmente los derivados de la vitamina B3, el cuerpo no puede producir NAD+. Sin NAD+, las mitocondrias no pueden convertir lo poco que comes en energía útil.

La ecuación correcta

Lo que comes tiene que estar a la altura de lo que haces.

Si tu día es sedentario, tu cuerpo necesita menos energía total, pero igual necesita todos los micronutrientes específicos para mantener la función celular. La clave está en la densidad nutricional: alimentos que aporten los minerales, vitaminas y proteínas que las mitocondrias necesitan, en las cantidades correctas para tu gasto calórico real.

Si tu día es activo, el cuerpo necesita más combustible, más proteína para reparar el daño, más antioxidantes para contrarrestar el aumento de radicales libres que genera el ejercicio.

Y si haces ejercicio intenso, el movimiento es uno de los estímulos más potentes para que el cuerpo produzca mitocondrias nuevas y aumente los niveles de NAD+. Pero solo funciona si le das al cuerpo lo que necesita después.

La alimentación inteligente no es comer poco ni comer mucho. Es darle a tu cuerpo exactamente lo que necesita según cómo lo usas cada día.

El ayuno: la herramienta que potencia todo

Hay algo que no mencioné todavía y que en mi experiencia personal ha sido transformador.

El ayuno intermitente.

Lo hago hace años. 16 a 18 horas. No porque sea una moda, sino porque entendí lo que le hace a mis mitocondrias. Y se ve. En mi piel, en mi energía, en mi color, en mi luz.

Pero antes de explicar por qué funciona, quiero ser clara en algo: el ayuno no es para todo el mundo en la misma dosis. Yo lo hago porque llevo años construyendo una base sólida de alimentación consciente. Si empiezas desde cero, empieza gradual.

Qué les pasa a tus mitocondrias cuando ayunas

Cuando el cuerpo deja de recibir alimento por un período prolongado, algo muy interesante ocurre adentro.

Primero activa un proceso llamado mitofagia, que es literalmente la limpieza interna de las mitocondrias. Las dañadas se eliminan. Las sanas se fortalecen. Es el mantenimiento que las mitocondrias necesitan y que rara vez reciben cuando el cuerpo está en modo digestión constante.

Segundo, el ayuno activa la producción natural de NAD+. Estimula la misma enzima que declina con la edad y que es fundamental para que las mitocondrias funcionen. Mientras ayunas, tu cuerpo aumenta los niveles de NAD+ de manera natural.

Tercero, el ayuno reduce la actividad de CD38, la enzima que degrada el NAD+ cuando hay inflamación. Menos CD38 activo significa más NAD+ disponible para las mitocondrias.

Y cuarto, activa la producción de mitocondrias nuevas. El cuerpo interpreta el ayuno como una señal de necesidad de energía y responde produciendo más plantas eléctricas.

Cómo romper el ayuno y por qué importa tanto

El momento de romper el ayuno es crítico. Y la mayoría lo hace mal.

Romper el ayuno con azúcar, carbohidratos refinados o alimentos procesados anula gran parte de los beneficios que acabas de obtener con el ayuno en si. Las mitocondrias que acaban de limpiarse y fortalecerse reciben un golpe de glucosa que genera radicales libres y activa la inflamación.

Lo correcto es romper el ayuno con proteína de calidad.

La proteína le da al cuerpo los aminoácidos que necesita para reconstruir. Ayuda a mantener la masa muscular. Y estabiliza el azúcar en sangre evitando el pico de insulina que destruye todo el trabajo mitocondrial que hiciste durante las horas de ayuno.

Después de la proteína, vegetales, grasas de calidad, los micronutrientes que ya describimos.

Una estrategia, no una regla.

No te digo que hagas 16 horas de ayuno desde mañana. Te digo que entiendas la lógica.

Tu cuerpo necesita períodos de limpieza y períodos de construcción. El ayuno es el período de limpieza mitocondrial. La alimentación inteligente es el período de construcción.

Cuando las dos cosas funcionan bien juntas, con coherencia, las mitocondrias trabajan a su máximo potencial.

Qué tiene que ver todo esto con tu piel

La piel no existe en aislamiento. Es el reflejo de cómo funciona tu cuerpo desde adentro.

Cuando las mitocondrias tienen lo que necesitan los nutrientes correctos, en la cantidad correcta, producen la energía que los fibroblastos necesitan para fabricar colágeno. Que los queratinocitos necesitan para renovarse. Que las células madre necesitan para activarse cuando hay daño.

Cuando ese sistema funciona bien, la piel lo refleja. Más densa. Más luminosa. Más capaz de recuperarse.

Y esa coherencia entre lo que comes, cómo te mueves, cómo ayunas y cómo te cuidas es exactamente lo que significa vivir de manera inteligente.

Lo que puedes hacer desde hoy

Primero: evalúa tu actividad real y ajusta tu alimentación a ese gasto calórico real.

Segundo: prioriza la densidad nutricional, proteínas de calidad, vegetales ricos en antioxidantes, grasas saludables, alimentos ricos en vitaminas del complejo B.

Tercero: cuida los minerales, el magnesio, el zinc y el hierro son fundamentales para la función mitocondrial.

Cuarto: muévete, el movimiento regular es uno de los únicos estímulos conocidos que aumenta la producción de mitocondrias nuevas y eleva los niveles de NAD+.

Quinto: considera el ayuno no como restricción, sino como herramienta de limpieza y regeneración mitocondrial.

Sexto: apoya desde afuera con activos que trabajen a nivel celular,especialmente cuando el proceso de producción de NAD+ necesita apoyo específico en la piel.

Somos lo que comemos y tus mitocondrias lo saben

No es solo poner los alimentos correctos en tu cuerpo. Es entender que cada célula de tu piel y de todo tu cuerpo necesita que ciertos nutrientes estén disponibles, en la cantidad correcta, para hacer su trabajo.

Cuando eso funciona bien, la energía fluye. La piel funciona. El cuerpo responde.

Con mucho cariño, Andrea 🤍

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Fuentes científicas

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Cefis, M. et al. (2025). Impact of physical activity on mitochondrial energetics across the adult lifespan. Cell Reports Medicine. https://doi.org/10.1016/j.xcrm.2025.101968

Golubnitschaja, O. et al. (2025). Mitochondria in cutaneous health, disease, ageing and rejuvenation. EPMA Journal, 16, 1–15. https://doi.org/10.1007/s13167-025-00400-z

Covarrubias, A.J. et al. (2021). NAD+ metabolism and its roles in cellular processes during ageing. Nature Reviews Molecular Cell Biology. https://doi.org/10.1038/s41580-021-00374-y

López-Otín, C. et al. (2023). Hallmarks of aging: An expanding universe. Cell. https://doi.org/10.1016/j.cell.2022.11.001

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